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sábado, noviembre 18, 2006

Con nombres y apellidos


Probablemente tú también tengas un antepasado que tuvo que emigrar lejos de su patria para buscar una vida mejor. Y probablemente su destino fuera los Estados Unidos. Algunos de los míos tuvieron que partir hacia Nueva York. Unos se quedaron allí. Otros regresaron. España siempre fue país de emigrantes. Pese a que algunos ahora sólo piensen en cierre de fronteras, expulsiones y mano dura, nada de eso podrá borrar el pasado ni tampoco manipularlo a su antojo. Los nuestros salieron hacia América del Norte y del Sur, también hacia otros países europeos, en barco o en tren, de manera legal o ilegal. El cómo era lo de menos, sólo había un objetivo, el mismo que ahora persiguen los que vienen a nuestras costas en cayucos y pateras. Pero esa es otra historia de la que habrá tiempo para hablar.





Si tienes curiosidad por saber de ese ancestro tuyo “perdido” en tierras del Tío Sam, existe una web donde puedes encontrar lo que andabas buscando. Se trata de Ancestry.com. Fechas de nacimiento, matrimonio o fallecimiento, del año de entrada o salida de Estados Unidos. Basta con introducir nombre y apellido y encontrarás toda la información por fechas, ciudades o estados. También está la información disponible sobre otros países. Es sorprendente la cantidad de personas con mi primer apellido – que dicho sea de paso no es muy común- que viven o han vivido en la gran manzana.

Si lo que quieres es buscar de manera menos exhaustiva la gente que hay con tu apellido en Estados Unidos, entra en esta otra página. Puedes encontrar su distribución por cada estado desde 1.850. Es muy curioso comprobar como el mapa va cambiando de color con los años. Al paso que algunos apellidos anglosajones van perdiendo peso específico, otros, sobre todo los hispanos, van ganando terreno.


Si lo que te interesa es conocer estadísticas sobre los apellidos en España mira lo siguiente. La primera columna corresponde al orden, la segunda al apellido y la tercera al número de personas que lo lleva por cada mil habitantes.


Los 10 apellidos españoles más comunes:

1 García 33.2
2 González 20.8
3 Fernández 20.8
4 Rodríguez 20.7
5 López 19.6
6 Martínez 18.7
7 Sánchez 18.3
8 Pérez 17.5
9 Martín 11.1
10 Gómez 11.0

Listados con los 100 apellidos más comunes de toda España, y los 50 más frecuentes por provincia de nacimiento y provincia de residencia.

Es curioso comprobar que los apellidos más frecuentes por residencia en Guipúzcoa sean García, González, Fernández, Rodríguez, Pérez, Sánchez, y algunos otros poco sospechosos de ser muy euskéricos. Algunos podrán alegar que es por causa de todos los militares y guardias civiles destinados allí (me río). Pero los más comunes por nacimiento también son Sánchez, López, Martín y Gómez. Esperemos que no se entere Arzalluz o montará en cólera con todo esto.


En lo que se refiere a los nombres más comunes en España, por cada mil habitantes, son los siguientes:

Masculinos

1 Antonio 37.9
2 José 36.5
3 Manuel 32.4
4 Francisco 28.8
5 Juan 19.8
6 David 14.6
7 José Antonio 14.6
8 José Luis 14.3
9 Jesús 13.9
10 Javier 12.7

Femeninos

1 María 31.5
2 María Carmen 31.1
3 Carmen 22.5
4 Josefa 16.9
5 Isabel 14.5
6 María Dolores 12.8
7 Ana María 12.6
8 Francisca 12.5
9 Dolores 12.4
10 María Pilar 12.3

Listados con los 100 nombres (masculinos y femeninos) más comunes de toda España, y los 50 más frecuentes por provincias.

En los archivos del Instituto Nacional de Estadística (INE) también puedes encontrar el número de personas que hay en cada provincia con cualquier apellido. A modo de ejemplo, mi primer apellido tiene su feudo más importante en Valencia, Alicante y Barcelona, por este orden, mientras que el segundo tiene su mayoría en Cuenca, Madrid y Vizcaya. Para acceder a la información de tu apellido entra aquí.


Otra más: en esta página puedes mirar cuales son los 200 apellidos más frecuentes en España.

viernes, septiembre 01, 2006

Sobre racismo, medios de comunicación e inmigrantes

Voy a cambiar un poquito las tornas con respecto al anterior post.

Día tras día nos encontramos en los medios de comunicación noticias sobre llegadas de africanos a las costas españolas. Digo africanos, porque los hay magrebíes y subsaharianos, o moros y negros, si se prefiere. Aunque, matizo, se puede ser negro y moro al mismo tiempo, esto dependiendo de la acepción que tomemos del término moro.

Son palabras que a priori no tienen por qué tener connotaciones peyorativas pero que en la práctica las tienen. Como casi todos los términos, creo que depende más de la intención que se tiene al pronunciar la palabra que de la palabra en sí misma. Soy de los que piensan que llamar negro al negro y moro al moro no tiene nada de malo si no se pretende ofender. Por desgracia, son los sectores reaccionarios los que ensucian y embrutecen adjetivos que de por sí deberían ser neutros.



El racismo es un tema bastante estudiado en las últimas décadas dentro de la Psicología Social. Pese a que el sentimiento de superioridad y persecución hacia otras razas haya existido siempre de forma manifiesta, no es menos cierto que la evolución natural de nuestra “mente social” ha conseguido que el racismo se considere un hecho reprobable en su expresión externa, aunque “de puertas para adentro” el racismo permanece latente y se manifiesta en muchas situaciones por acción u omisión. Se trata del racismo moderno, censurable en su expresión externa pero tolerado en su dimensión simbólica.

El hecho de que las manifestaciones racistas externas sean políticamente incorrectas obliga al racista a expresar sus emociones mediante cauces aceptados socialmente. Para ello apela a un difuso sentimiento patriótico o grupal, no vinculándolo directamente con la raza sino con otros elementos en los que “el de fuera” siempre juega con peores cartas. Delincuencia, criminalidad, drogas, falta de trabajo, etc. son lugares recurrentes a los que todo racista apela. Al racista no le importan los datos, las estadísticas, lo contrastable, lo objetivo, ¿para qué sirve eso?. La respuesta emocional hostil hacia el que viene de fuera con otro color de piel es ineludible. En el racista el intelecto está de más.

En España -mal que nos pese a muchos- existe una mentalidad tremendamente conservadora y cerril respecto a diferentes y variados temas. Una considerable mayoría vive mirándose el ombligo sin importarle el resto del mundo, los que vienen o los que van, las doctrinas espirituales y filosóficas diferentes, visiones distintas del hombre, el sistema o la sociedad, el más acá o el más allá. Para ellos, el cuestionamiento del sistema de valores y creencias simplemente no existe. Las cosas son las que son, es decir, las que el complacido ignorante cree que son.



Los medios de des-información contribuyen a esa sensación. Series de TV ridículas (“casualmente” casi todas de producción nacional, donde sólo al más tonto le quedan ganas de reirse después del tercer gag), programas del corazón (del hígado se deberían llamar), reality shows convertidos en armas de idiotización masiva y bombardeos químicos de noticias hacen que el españolito medio esté sometido a distintas fuerzas subliminales que inmovilizan con frecuencia las energías del cambio sobre ciertos clichés sociales.

Paralelamente y auspiciando al bombardeo de información nos encontramos con el avance tecnológico. Cada día aparece en el mercado algo nuevo que desear, un objeto de consumo que adquirir para saciar el hambre materialista. ¡Pero qué desarrollados y “primermundistas” que somos!



A todo esto, según una investigación de la Caixa de Catalunya y la Universidad Autónoma de Barcelona, es gracias a los inmigrantes –“moros de mierda” incluídos- que la economía española crece, por encima de lo esperado y de la media europea. Es decir, que las cuentas que el PP siempre estuvo tan orgulloso de mostrar durante su mandato fueron tan buenas precisamente gracias a esas personas a las que una parte nada desdeñable de su masa social rechaza.

¿Son tan peligrosos para la estabilidad del país los inmigrantes?¿O son en realidad los que están tirando de un carro que en otras circunstancias estaría en punto muerto? Menos mal que todavía tenemos paladines del sentido común como Ángel Acebes, si no fuera por ellos no sé lo que sería de éste nuestro país. ¡Arriba España, coño!



*Viñetas de J. Kalvellido, El Roto y Nano.