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jueves, diciembre 28, 2006

Feliz Año Nuevo, españoles


Ya me gustaría a mí llegar a los 70 años de edad con la lucidez de Fernando Sánchez Dragó. Es admirable comprobar como algunas personas con el paso del tiempo no sólo no envejecen sino que ganan en sensatez y en capacidad analítica. Le acaban de elegir director de la nueva temporada de ‘Diario de la Noche’ en Telemadrid. Quiere convertirlo en un espacio neutral y libre, un telediario de autor al estilo del periodista Larry King en la CNN. Veremos si le dejan.

Llevo tiempo leyendo a gente enfrascada en peleas y discusiones absurdas e infantiles sobre si tal presentador o periodista es un malnacido y un cabrón por ser de izquierdas o de derechas, que si está al servicio de tal o cual poder, que si éste es un facha y aquél un rojo... No es que lleve mucho tiempo, es que llevo TODO el tiempo, desde que tengo uso de razón, viendo un país dividido, de gente mezquina y cerrada de mente que no ve más allá de sus narices.

Se ve en la calle, en los bares, en los medios de comunicación, en los foros y blogs de pseudoperiodistas que sólo contribuyen a alimentar el fuego de la división. ¿Dónde ha quedado el pensamiento productivo? Parece mentira que en un país que ha vivido tantas guerras todavía la gente siga pensando en esa dinámica de ideologías enfrentadas y del ‘y tú más’ en vez de mirar por todas las personas. No digo ya pensar en España, porque para mí España no es nada, es una entelequia más, algo desprovisto de sentido y significado. Digo pensar en todos los seres humanos, sean de donde sean, de más acá o de más allá. Porque las fronteras son un invento humano, una absurda arbitrariedad que impide la justicia, la libertad y la libre proyección del hombre en el mundo. Españoles, la vida ni se acaba en los Pirineos ni Luis Aragonés debe ser asunto de Estado, además de que en Brasil se habla portugués, no brasileño.

Es muy curiosa la forma que tienen la mayoría de españoles de entender el patriotismo, alejada de la concepción que tienen otros países desarrollados. ¿Cómo se puede defender España atacando a la mitad de los españoles? Pues sí, señores, aquí funcionan así las cosas. “Te pego dos hostias, pero que conste que es para defenderte, porque tú eres español y yo quiero mucho a España”. Pues yo no. No quiero a España más de lo que puedo querer a Zimbabwe. Me la trae floja que Fernando Alonso o Rafa Nadal saquen la banderita española cuando ganan. Es más, me produce auténtica repulsa y aburrimiento que todo el mundo se alegre y se sienta tan unido por esas gilipolleces y al día siguiente se estén despedazando por causas en las que es absolutamente primordial el respeto y la tolerancia. Y sobre todo la amplitud de pensamiento. Si hubiera que calificar a un pueblo como absolutamente imbécil el honor lo tendrían España y los españoles. Coincido con Sánchez Dragó. Yo también lamento profundamente haber nacido español. O mejor dicho, lamento haber nacido rodeado de españoles.





Menos mal que tengo libertad de expresión para decir estas cosas. Cuando alguien viaja a cualquier otro país del mundo y regresa a España se da cuenta de que es muy cierto lo que comenta Sánchez Dragó. Aquí hay mucha mala leche acumulada. Además de envidia y mala educación.

Ah, su elección no es una broma, aunque sea el día de los Inocentes, que seguro que alguien lo habrá pensado. Es una buena noticia que una persona libre y con pensamiento crítico, alejado de ataduras y dogmas religiosos y laicos, pueda acceder a los micrófonos y se escuche su voz, tan importante en estos tiempos de borreguismo y mediocridad.

Feliz Año Nuevo, españoles y no españoles. Por cierto, Franco ha muerto (aunque algunos ni de eso se enteran).


"Interpretaciones españolas acerca de otros pueblos apenas existen. El español nunca supo nadar sino dentro de su propia vida; fuera de ella, se asfixia o se aburre".


AMÉRICO CASTRO. Sobre el nombre y el quién de los españoles.

sábado, noviembre 18, 2006

Con nombres y apellidos


Probablemente tú también tengas un antepasado que tuvo que emigrar lejos de su patria para buscar una vida mejor. Y probablemente su destino fuera los Estados Unidos. Algunos de los míos tuvieron que partir hacia Nueva York. Unos se quedaron allí. Otros regresaron. España siempre fue país de emigrantes. Pese a que algunos ahora sólo piensen en cierre de fronteras, expulsiones y mano dura, nada de eso podrá borrar el pasado ni tampoco manipularlo a su antojo. Los nuestros salieron hacia América del Norte y del Sur, también hacia otros países europeos, en barco o en tren, de manera legal o ilegal. El cómo era lo de menos, sólo había un objetivo, el mismo que ahora persiguen los que vienen a nuestras costas en cayucos y pateras. Pero esa es otra historia de la que habrá tiempo para hablar.





Si tienes curiosidad por saber de ese ancestro tuyo “perdido” en tierras del Tío Sam, existe una web donde puedes encontrar lo que andabas buscando. Se trata de Ancestry.com. Fechas de nacimiento, matrimonio o fallecimiento, del año de entrada o salida de Estados Unidos. Basta con introducir nombre y apellido y encontrarás toda la información por fechas, ciudades o estados. También está la información disponible sobre otros países. Es sorprendente la cantidad de personas con mi primer apellido – que dicho sea de paso no es muy común- que viven o han vivido en la gran manzana.

Si lo que quieres es buscar de manera menos exhaustiva la gente que hay con tu apellido en Estados Unidos, entra en esta otra página. Puedes encontrar su distribución por cada estado desde 1.850. Es muy curioso comprobar como el mapa va cambiando de color con los años. Al paso que algunos apellidos anglosajones van perdiendo peso específico, otros, sobre todo los hispanos, van ganando terreno.


Si lo que te interesa es conocer estadísticas sobre los apellidos en España mira lo siguiente. La primera columna corresponde al orden, la segunda al apellido y la tercera al número de personas que lo lleva por cada mil habitantes.


Los 10 apellidos españoles más comunes:

1 García 33.2
2 González 20.8
3 Fernández 20.8
4 Rodríguez 20.7
5 López 19.6
6 Martínez 18.7
7 Sánchez 18.3
8 Pérez 17.5
9 Martín 11.1
10 Gómez 11.0

Listados con los 100 apellidos más comunes de toda España, y los 50 más frecuentes por provincia de nacimiento y provincia de residencia.

Es curioso comprobar que los apellidos más frecuentes por residencia en Guipúzcoa sean García, González, Fernández, Rodríguez, Pérez, Sánchez, y algunos otros poco sospechosos de ser muy euskéricos. Algunos podrán alegar que es por causa de todos los militares y guardias civiles destinados allí (me río). Pero los más comunes por nacimiento también son Sánchez, López, Martín y Gómez. Esperemos que no se entere Arzalluz o montará en cólera con todo esto.


En lo que se refiere a los nombres más comunes en España, por cada mil habitantes, son los siguientes:

Masculinos

1 Antonio 37.9
2 José 36.5
3 Manuel 32.4
4 Francisco 28.8
5 Juan 19.8
6 David 14.6
7 José Antonio 14.6
8 José Luis 14.3
9 Jesús 13.9
10 Javier 12.7

Femeninos

1 María 31.5
2 María Carmen 31.1
3 Carmen 22.5
4 Josefa 16.9
5 Isabel 14.5
6 María Dolores 12.8
7 Ana María 12.6
8 Francisca 12.5
9 Dolores 12.4
10 María Pilar 12.3

Listados con los 100 nombres (masculinos y femeninos) más comunes de toda España, y los 50 más frecuentes por provincias.

En los archivos del Instituto Nacional de Estadística (INE) también puedes encontrar el número de personas que hay en cada provincia con cualquier apellido. A modo de ejemplo, mi primer apellido tiene su feudo más importante en Valencia, Alicante y Barcelona, por este orden, mientras que el segundo tiene su mayoría en Cuenca, Madrid y Vizcaya. Para acceder a la información de tu apellido entra aquí.


Otra más: en esta página puedes mirar cuales son los 200 apellidos más frecuentes en España.

martes, octubre 10, 2006

Bombardeemos los Estados Unidos


Según decía alguien por ahí, el director de World Trade Center, "no es nuestro Oliver Stone, ha sido secuestrado por la causa patriótica estadounidense". Lo primero que puedo decir tras leer esto es que entre los progres hay tanto imbécil que sería imposible poder recopilarlos a todos en un mismo censo. Nos pasaría como al FBI, acabaríamos con una lista disparatada con progres vivos, fachas muertos y anarquistas de vacaciones en Cayo Coco.

No hay duda de que España es el país de Europa que menos simpatía profesa hacia los Estados Unidos. La extrema izquierda y la extrema derecha son enemigos acérrimos de los yanquis (¿casualidad?). Al centro-izquierda y a la izquierda en general también les suelen caer mal. Tan sólo dentro de la derecha moderada y liberal encontramos cierta simpatía hacia el Tío Sam. En España, cuando no se les critica abiertamente, se ridiculizan sus usos sociales, su clase política, su hipocresía, pazguatería y doble moral. Hasta el punto de que casi cualquier ciudadano de los Estados Unidos es culpable de lo que pasa en las guerras que hay organizadas por el mundo. Las frases “estos yanquis...” o “los americanos es que son...” forman parte del discurso cotidiano de cualquier español.

Me cuento entre los primeros que han criticado frecuentemente su desmesurado intervencionismo, su prepotencia, el recorte de libertades, la pena de muerte o la venta de armas. Pero una cosa es la crítica – necesaria y deseable- a determinados gobiernos, leyes o actuaciones concretas y otra muy diferente es tildar a toda una sociedad de estúpidos, ignorantes y genocidas. El prejuicio es lo más fácil de instalar en la mente humana, hasta el punto de que se suele hacer responsable a colectivos enormes de los errores que cometen unos pocos. Criticar el patriotismo norteamericano cuando sucedieron los fatídicos atentados es una idiotez desmesurada. Otra cosa sería esperar de una sociedad madura, pasado un tiempo, la necesaria autocrítica ante acontecimientos de tal magnitud. Nadie es perfecto, ni siquiera los norteamericanos. Pero a ellos se les exige siempre mucho más que a los demás, y por el contrario se les reconocen muy poco sus méritos, que son muchos.

Se trata de un pueblo con una diversidad de pensamiento muy amplia, que ha hecho enormes aportes al progreso humano, en la ciencia, la tecnología, la medicina, las artes, las letras y la democracia, entre muchos otros campos, como también ha contribuído negativamente en otros aspectos que todos conocemos. Estados Unidos es una entidad con múltiples matices que hay que conocer en profundidad para poder juzgar equilibradamente. No se trata, como muchos quieren hacer pensar, de un conglomerado de perturbados reaccionarios sin principios éticos, sino de casi 300 millones de hombres y mujeres que configuran una nación de naciones, la más poderosa (y eso despierta muchas envidias), construída con los aportes de hombres de todos los rincones del mundo. No solamente está formada por acérrimos neoconservadores como suele pensar la izquierda más idiota. El mismo Michael Moore es estadounidense. Como también lo es Noam Chomsky. Y al igual que ellos lo son músicos, actores, deportistas, escritores o activistas sociales admirados y reconocidos a lo largo y ancho de todo el orbe. De los científicos no digo nada, porque se conoce mejor a cualquier mindundi de Big Brother.

Siempre he criticado determinados aspectos de la sociedad y la política estadounidense cuando he tenido que hacerlo. Y lo seguiré haciendo cuando lo crea conveniente. Pero la crítica siempre debe venir con mesura y sabiendo a quien va dirigida. Hacer al pueblo estadounidense cómplice de todas las calamidades que los malos gobernantes cometen es una canallada. El pueblo norteamericano no se merece una generalización burda que parte de la desinformación y deriva en el prejuicio. Millones de hispanos, afroamericanos, asiáticos y gentes de toda procedencia y condición adoran a su nación por unos motivos respetables, y es tan válido como el sentimiento de un japonés o un brasileño que sienten lo mismo por su país.

Siempre se habla de la doble moral e hipocresía de los Estados Unidos. Pero para hipócritas y desagradecidos, los españoles, que no sabemos apreciar el bienestar científico y tecnológico del que disfrutamos gracias a su impulso ni tampoco reconocer la valentía que tuvieron al salvar el culo a Europa en dos guerras mundiales. Digo todo esto desde la serenidad, pero también desde la perplejidad que me causa el ver lo poco considerados que hemos sido y seguimos siendo con el pueblo de los Estados Unidos de Norteamérica.


Esto iba a ser una crítica de la película World Trade Center – de la que ya hablé aquí-, aunque ha terminado en otra cosa. Francamente esperaba algo más de la película. Aunque aplaudo el ejemplar y emocionante sentimiento de hermandad y solidaridad de aquellos días en la sociedad norteamericana -que pretende reflejar con no demasiada fortuna Oliver Stone-, sentimiento que podría ser mucho más positivo para la humanidad si fueran capaces de experimentarlo hacia todos los ciudadanos de cualquier parte del planeta. Y éste sí que es uno de los aprendizajes que tienen pendientes, tal vez el más importante.




lunes, septiembre 25, 2006

¿Olvidar lo que pasó?

“Queremos cambiarlo todo. Acabar con el viejo mundo y construir una sociedad sin clases. Porque sabemos que sólo con palabras no se consigue nada”.



En la mañana del 2 de marzo de 1.974 era ejecutado en España Salvador Puig Antich, un joven catalán de 25 años, víctima de una venganza del régimen dictatorial y asesino de Francisco Franco Bahamonde. Salvador no fue sino uno más de la larga lista de revolucionarios, luchadores de la libertad o simplemente opositores al régimen que fueron ajusticiados de forma cobarde.

En el caso de Puig Antich el método elegido para el crimen fue el garrote vil, en vigor desde tiempos de la Inquisición Española. Para quien lea esto desde fuera de España y no esté muy al tanto quizá le llame la atención saber que en un país tan civilizado como éste se llevaba a la muerte hace poco más de 30 años a personas previamente torturadas, sin un juicio justo y finalmente ejecutadas de una forma cruel y mezquina. Y sin embargo, no es sorprendente que a día de hoy se continúen escuchando expresiones del tipo “con Franco no se vivía tan mal”, “con Franco no pasaría esto” o “si Franco levantara la cabeza...”. Cuidado con algunos de esos que se autodenominan demócratas, ya sean de viejas o nuevas generaciones.

Centrándonos en el tema, durante estos días pasados se ha estrenado en España la cinta que narra los últimos años de vida de aquel joven revolucionario, militante del Movimiento Ibérico de Liberación (MIL). A través de una realización excepcional que no puede dejar indiferente a nadie, la película nos retrotrae de forma realista y rigurosamente documentada a la lucha contra un sistema de valores que consideran injusto llevada a cabo por un grupo de jóvenes en los primeros años 70. Nos acerca, además, la historia personal del joven Salvador, con sus amores de juventud y sus carreras delante de los ”grises”, pero sobre todo nos invita a pensar globalmente en conceptos como la libertad y la dictadura, así como en la validez moral y ética de la pena de muerte o la legitimidad de la lucha armada como medio para conseguir determinados objetivos en una sociedad asfixiada por la represión.

Tuve oportunidad de verla este fin de semana y desde aquí la recomiendo para todos los amantes del buen cine, y en particular para todos los que piensan que quienes olvidan la historia están condenados a repetirla. De lo que no cabe duda es de que ante películas como ésta surgen los críticos como setas, cosa lícita por otra parte.

Seguramente la película es demasiado explícita en determinados momentos, y puede ser mejorable técnicamente - ¿hay algo que no sea mejorable? -. Pero con lo que no estoy de acuerdo es con calificar una película como ésta de tendenciosa y maniqueísta. El cine puede ser un instrumento perfectamente válido de reivindicación social de causas justas, con toda la legitimidad del mundo para llamar a las cosas por su nombre y poner a cada uno en su lugar, sobre todo en casos tan sangrantes como el de Puig Antich. Leyendo a determinado crítico no dejé de sorprenderme al comprobar como despreciaba el film por presentar al joven anarquista como víctima y mártir. Seguramente no fue lo segundo, pero víctima sí, víctima de una policía brutal y represora, de un sistema legal corrupto -cuando no inexistente- y de una dictadura nacional-católica vergonzante y vengativa.



La película la dirige Manuel Huerga, está protagonizada por el actor Daniel Brühl y se basa en el libro ‘Cuenta Atrás’ de Francesc Escribano. La banda sonora es francamente notable, teniendo especial protagonismo el cantautor catalán Lluís Llach, además de contar con temas de Leonard Cohen, Bob Dylan o Jethro Tull, entre otros. Eso sí, quien vaya a verla que no olvide su paquete de pañuelos de papel, la película además de entretenida es un golpe a la conciencia y al corazón.

Sitio Oficial de la película

Sitio Oficial de Manuel Huerga

Sitio en catalán de Salvador Puig Antich


viernes, septiembre 22, 2006

Cuánto hijo de puta

Hay un hecho que me llama muchísimo la atención, y es la hipocresía y la falta de conciencia real sobre la causa de los problemas de fondo. En este caso se trata de la corrupción. Siempre se ha dicho que el poder corrompe. Yo quiero matizar esta aseveración: no es el poder el que corrompe, es la persona la que se corrompe a sí misma. El poder no es nada, es una entelequia más, algo desprovisto de sentido sin un sujeto activo que le asigne un significado y una función. Somos los humanos los que dotamos de importancia o de falta de ella a las construcciones sociales, los que nos corrompemos o nos dejamos de corromper, en nosotros está la semilla del bien o del mal. Vamos a ir del hecho particular a lo general, siguiendo un esquema inductivo. Contrariamente a una opinión muy extendida socialmente, para ser corrupto no es condición necesaria ser multimillonario, político ni empresario. El día a día está plagado de hijos de puta corruptos, y que me perdonen las putas que no tienen culpa de nada.

El otro día alguien colgó en su blog la siguiente encuesta: ¿Que harías si ves que a alguien se le caen 20 euros y nadie lo ha visto?

En un mundo ideal y que funcionara correctamente la respuesta sería obvia. Pero en este planeta de hipócritas y sinvergüenzas resulta que casi un 40% de las personas se quedaría con el billete sin ir a devolvérselo al dueño (aunque no se trate de una encuesta científica, pienso que los datos empíricos de la realidad no deben diferir demasiado). Paso de puntillas por ese otro 60% que sí lo devolvería, porque es lo que toda mente lógica y sana haría, y me centro en este 40% que es el lastre y morralla de la sociedad, la causa de los males endémicos que hace que las cárceles estén llenas de chorizos y que haya tanta gente que no se fíe ni de su sombra.

Alguien podrá decir: joder, macho, que son 20 euros, no es para tanto. Pero la cuestión no es si son 20 o 20.000, el hecho trascendente es que una persona reaccione de forma totalmente opuesta a cómo le gustaría que reaccionaran si fuera él quien perdiera los 20 euros. El gran Maestro de la humanidad dijo una vez “no hagas a nadie lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Y resulta que 2.000 años después de una enseñanza que sienta las bases del progreso humano hay un 40% de subnormales, entendiendo el adjetivo como seres por debajo de lo normal -está claro que están por debajo del restante 60%- que todavía no han captado el mensaje. Ahondando todavía más en el tema de si se debe devolver el dinero a quien observas que se le ha caído, es curioso comprobar como estos amigos de lo ajeno se sienten muy ofendidos si es a ellos a quienes no se les devuelve el dinero, lo que deja patente su doble rasero y la no interiorización de un valor que debe ser universal, o lo que es lo mismo, practican sin el más mínimo pudor ni vergüenza la ley del embudo.

¿Por qué los llamo hipócritas además de por lo anterior? La respuesta es muy sencilla. Estos sujetos anónimos son los primeros que luego critican y lapidan a los políticos corruptos de Marbella, por poner un ejemplo de chorizos muy en boga. Los que primero acusan no lo hacen por un sentido de justicia universal, de eso nada. Lo hacen por pura envidia, porque es a ellos a los que les gustaría haberse llevado todo ese dinero, por eso desean que se pudran en la cárcel los corruptos. Estos sinvergüenzas con familias y trabajos aparentemente normales son delincuentes en potencia. Lo único que les diferencia de los que están entre rejas es que no han tenido la oportunidad de pegar un pelotazo o delinquir a gran escala. Pero en cuanto tuvieran la oportunidad y creyeran que no van a ser pillados lo harían. Éste 40% es el verdadero cáncer de la sociedad.

Durante muchos años se criticó la corrupción de determinado partido político en España, hasta el punto de que algunos llegaron a llamarlo corruPSOE en lugar de PSOE. Seguramente este partido político llevó a cabo una gestión corrupta, seguramente no, con certeza. Pero se equivocaban quienes intentaban hacer una identificación que resulta sesgada y reduccionista. Por eso no entiendo a esas mentes simples y sectarias que se dedican a atacar a un partido o a otro, acusándolos de corrupción con el argumento infantil de “y tú más”. La corrupción no anida bajo ningunas siglas ni estrato social. Es un fenómeno que desborda a las izquierdas y las derechas, siendo en la intimidad de la mente humana donde se fragua. Que una persona luego llegue a ser militante o votante de PP, de PSOE o de Batasuna es algo completamente accesorio y sin ninguna correlación entre causa y efecto.

Yo me pregunto por la importancia en términos reales de lo que se enseña en hogares y escuelas. Cuando unos padres no se dedican a formar intelectual y moralmente a su hijo ya tenemos el problema montado. Sociedad de idiotas aquella en la que muchos piensan que por comprarle a un hijo todo lo que le pide ya ha cumplido como buen padre.

Estamos acostumbrados a que todo el mundo dé su opinión sobre diversos temas: el maltrato a las mujeres, el No a la guerra, el rechazo a los corruptos (más que a la corrupción en sí)... Pero nadie profundiza lo suficiente en las causas de estos hechos, que seguramente tendrían menor incidencia si se invirtieran mayores esfuerzos para educar en la dirección correcta. La estabilidad de un edificio depende de sus cimientos. Una vez cometido el delito todo el mundo señala y condena a quienes lo llevan a cabo, sin ser conscientes de que más vale prevenir que curar.






lunes, agosto 28, 2006

Vuelve el fútbol

La fiebre del fútbol ya regresa a España. Aunque lo hace poco a poco, reponiéndose de la resaca mundialista. La liga española tiene el sabor de los domingos de nervios y transistor, de quiniela rota en mil pedazos, de bufandas por las calles y de polémicas en los medios. Y también el sabor del dinero.

Estoy convencido de que muchos de nosotros tenemos un sentimiento de ambivalencia con el fútbol. Por una parte, sentimos adoración por él -la mayoría de hombres-, nos hace vibrar y lo consideramos un verdadero arte. Por otra, lo odiamos a muerte -aquí son ellas mayoría-, cambiamos de canal cuando llega la sección de fútbol en las noticias y consideramos la prensa deportiva como la prensa rosa de los hombres. De cierto tipo de hombres, matizo. Por supuesto que no tiene nada de malo echarle una ojeada al “Marca” o al “Sport” de vez en cuando, como tampoco al “Hola”, pero que el cerebro de una persona se limite a procesar ese tipo de pseudoinformación es bastante triste. Y ocurre, vaya que si ocurre.


¿He dicho ya que el fútbol flota sobre un mar de billetes?

Es vergonzoso ver por TV las ruedas de prensa descafeinadas de esos multimillonarios considerados estrellas. La mayoría de ellos semianalfabetos, pero con un coche de lujo para cada día de la semana, que encima ponen mala cara cuando un niño les pide un autógrafo. Lo que le está pasando al fútbol es un insulto a la inteligencia del ciudadano medio -25 millones de euros el traspaso de “un tal” Joaquín al Valencia C.F. -. Y todos tan tranquilos, habituados a semejante tomadura de pelo. ¿A cuántos de ustedes les pagan una millonada por pasárselo bien?

En cuanto a la retransmisión por televisión nos ha tocado el gordo con La Sexta. Ha entrado fuerte este canal. Primero se quedó con el mundial y ahora se queda con los
derechos televisivos de la liga. Lo que consigue La Sexta con esto no es ni más ni menos que joder al personal. Primero, con su mala señal -para algunos, que hace que se convierta en muy buena señal para bares y restaurantes- y segundo, con esos pésimos locutores que sólo crispan los nervios al menos pintado. Como alternativa nos queda la subespecie de los locutores radiofónicos, otros crispadores masivos que al menos en los partidos de liga se dejan en casa ese patrioterismo barato con el que nos deleitan cuando juega un equipo español contra otro extranjero. No sé lo que tiene el fútbol, pero parece que uno se crispe hasta para escribir sobre él. ¿Tendrán razón las mujeres en esto? A lo mejor me tengo que pasar al Feng Shui, no sería mala alternativa.




*Viñetas de Forges y Maitena.