Mostrando entradas con la etiqueta personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta personal. Mostrar todas las entradas

domingo, marzo 25, 2007

Habla Steve Jobs, presidente de Apple Inc.


Steve Jobs es una de las personalidades con más renombre dentro del mundo empresarial, más concretamente del sector tecnológico e informático. Aunque esta entrada no trata sobre ordenadores ni líos informáticos que a muchos de los que me leen sé que no les interesarán lo más mínimo. Que nadie salga corriendo.

Steve Paul Jobs, presidente y fundador de Apple, nos habla de una historia de vida. De su vida. Que podría ser la de nosotros mismos, seguramente en otros ámbitos, con otras condiciones, otras vivencias y pruebas por superar. Pero esencialmente iguales a la suya. En el fondo todos venimos al mundo desnudos, para aprender, para crecer. Y para superar las adversidades. Tomándolas como lo que son: absolutamente necesarias. Sólo el tiempo nos concede la perspectiva para analizar nuestra trayectoria de modo coherente. En mi opinión, todos venimos al mundo con determinadas tareas por realizar. Podemos concluírlas o no en este lapso de tiempo. Tal vez eso no sea lo más importante. Sí lo es en cambio el avance intelectual y moral como objetivo fundamental y necesario, paso previo para algo más.

Este es el discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford durante el acto de apertura del curso pasado. Dura prácticamente 15 minutos. Merece la pena llegar hasta el final.


Parte 1


Parte 2


Video visto en Buscandolibertad a través de Promoting Blogs, una red social para bloggers que recomiendo visitéis ;-)

domingo, noviembre 05, 2006

Emotions

Melodías envenenadas de sensualidad y fe penetran en la profundidad de mi mente y de mi alma. Viajo en un tren con destino físico definido, mientras me encuentro acostado, casi levitando, en el vagón de otro tren cuyo destino desconozco. No. Esta vez no es desdoblamiento. Ni siquiera juego a adivinar la siguiente parada. Millones de neuronas están trabajando en mi sistema nervioso, incontables sinapsis cargadas de electricidad me transportan a una plenitud efímera y casi al éxtasis. Un éxtasis cuyo principal ingrediente es la incertidumbre.

Minimalismo emocional unas veces. Otras, sobresaturado arte pop, hipervitaminado y vitalista. Ritmos mundanos y guitarras siderales. Los rostros de Orwell y Huxley frente a mí. Dios, peligro, mujer, libertad, conceptos que se hacen presentes e inundan cada resquicio de mi ser. Visiones abstractas y pensamientos abstraídos, frenéticos y repetitivos ritmos electrónicos salpicados por intermitentes luces de neón. Estoy experimentando y también están experimentando conmigo. Llueve. Alguien me ofrece un caramelo. Yo tomo seis.

Piso el andén y regresa la calma, vuelven a dormir las emociones. Ahora la luz verde de algún taxi debe acompañar mi mirada. La tormenta de placer ha pasado, y la lluvia cada vez es más leve, pero el recuerdo de esas sensaciones perdurará en el tiempo.





*Fotografía cortesía de *CA*

viernes, septiembre 22, 2006

Cuánto hijo de puta

Hay un hecho que me llama muchísimo la atención, y es la hipocresía y la falta de conciencia real sobre la causa de los problemas de fondo. En este caso se trata de la corrupción. Siempre se ha dicho que el poder corrompe. Yo quiero matizar esta aseveración: no es el poder el que corrompe, es la persona la que se corrompe a sí misma. El poder no es nada, es una entelequia más, algo desprovisto de sentido sin un sujeto activo que le asigne un significado y una función. Somos los humanos los que dotamos de importancia o de falta de ella a las construcciones sociales, los que nos corrompemos o nos dejamos de corromper, en nosotros está la semilla del bien o del mal. Vamos a ir del hecho particular a lo general, siguiendo un esquema inductivo. Contrariamente a una opinión muy extendida socialmente, para ser corrupto no es condición necesaria ser multimillonario, político ni empresario. El día a día está plagado de hijos de puta corruptos, y que me perdonen las putas que no tienen culpa de nada.

El otro día alguien colgó en su blog la siguiente encuesta: ¿Que harías si ves que a alguien se le caen 20 euros y nadie lo ha visto?

En un mundo ideal y que funcionara correctamente la respuesta sería obvia. Pero en este planeta de hipócritas y sinvergüenzas resulta que casi un 40% de las personas se quedaría con el billete sin ir a devolvérselo al dueño (aunque no se trate de una encuesta científica, pienso que los datos empíricos de la realidad no deben diferir demasiado). Paso de puntillas por ese otro 60% que sí lo devolvería, porque es lo que toda mente lógica y sana haría, y me centro en este 40% que es el lastre y morralla de la sociedad, la causa de los males endémicos que hace que las cárceles estén llenas de chorizos y que haya tanta gente que no se fíe ni de su sombra.

Alguien podrá decir: joder, macho, que son 20 euros, no es para tanto. Pero la cuestión no es si son 20 o 20.000, el hecho trascendente es que una persona reaccione de forma totalmente opuesta a cómo le gustaría que reaccionaran si fuera él quien perdiera los 20 euros. El gran Maestro de la humanidad dijo una vez “no hagas a nadie lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Y resulta que 2.000 años después de una enseñanza que sienta las bases del progreso humano hay un 40% de subnormales, entendiendo el adjetivo como seres por debajo de lo normal -está claro que están por debajo del restante 60%- que todavía no han captado el mensaje. Ahondando todavía más en el tema de si se debe devolver el dinero a quien observas que se le ha caído, es curioso comprobar como estos amigos de lo ajeno se sienten muy ofendidos si es a ellos a quienes no se les devuelve el dinero, lo que deja patente su doble rasero y la no interiorización de un valor que debe ser universal, o lo que es lo mismo, practican sin el más mínimo pudor ni vergüenza la ley del embudo.

¿Por qué los llamo hipócritas además de por lo anterior? La respuesta es muy sencilla. Estos sujetos anónimos son los primeros que luego critican y lapidan a los políticos corruptos de Marbella, por poner un ejemplo de chorizos muy en boga. Los que primero acusan no lo hacen por un sentido de justicia universal, de eso nada. Lo hacen por pura envidia, porque es a ellos a los que les gustaría haberse llevado todo ese dinero, por eso desean que se pudran en la cárcel los corruptos. Estos sinvergüenzas con familias y trabajos aparentemente normales son delincuentes en potencia. Lo único que les diferencia de los que están entre rejas es que no han tenido la oportunidad de pegar un pelotazo o delinquir a gran escala. Pero en cuanto tuvieran la oportunidad y creyeran que no van a ser pillados lo harían. Éste 40% es el verdadero cáncer de la sociedad.

Durante muchos años se criticó la corrupción de determinado partido político en España, hasta el punto de que algunos llegaron a llamarlo corruPSOE en lugar de PSOE. Seguramente este partido político llevó a cabo una gestión corrupta, seguramente no, con certeza. Pero se equivocaban quienes intentaban hacer una identificación que resulta sesgada y reduccionista. Por eso no entiendo a esas mentes simples y sectarias que se dedican a atacar a un partido o a otro, acusándolos de corrupción con el argumento infantil de “y tú más”. La corrupción no anida bajo ningunas siglas ni estrato social. Es un fenómeno que desborda a las izquierdas y las derechas, siendo en la intimidad de la mente humana donde se fragua. Que una persona luego llegue a ser militante o votante de PP, de PSOE o de Batasuna es algo completamente accesorio y sin ninguna correlación entre causa y efecto.

Yo me pregunto por la importancia en términos reales de lo que se enseña en hogares y escuelas. Cuando unos padres no se dedican a formar intelectual y moralmente a su hijo ya tenemos el problema montado. Sociedad de idiotas aquella en la que muchos piensan que por comprarle a un hijo todo lo que le pide ya ha cumplido como buen padre.

Estamos acostumbrados a que todo el mundo dé su opinión sobre diversos temas: el maltrato a las mujeres, el No a la guerra, el rechazo a los corruptos (más que a la corrupción en sí)... Pero nadie profundiza lo suficiente en las causas de estos hechos, que seguramente tendrían menor incidencia si se invirtieran mayores esfuerzos para educar en la dirección correcta. La estabilidad de un edificio depende de sus cimientos. Una vez cometido el delito todo el mundo señala y condena a quienes lo llevan a cabo, sin ser conscientes de que más vale prevenir que curar.






domingo, septiembre 17, 2006

Mañana de cualquier día en La Rambla





Powered by Castpost

El cielo es azul intenso y cubre toda Barcelona en una mañana llena de luz. La temperatura es fresca, aunque el sol ya comienza a calentar el ambiente mientras las calles van configurando un arco iris de viandantes de diversas procedencias. Suena la música, tal vez sólo en mis oídos, pero sus notas me transmiten la alegría de un mundo mestizo y vestido de mil colores, de rumba flamenca y flores en los puestos, de mujeres musulmanas paseando sin permiso de sus maridos, mientras no paran de sonar las guitarras y un hombre disfrazado de "Che" Guevara da los buenos días con una sonrisa. En la Rambla hoy el dolor se ha tomado una tregua, como cualquier día de verano, como cualquier día de primavera. Como dijo alguien, todo puede ser posible en una mañana de cualquier día, más aún si es en Barcelona.



























* Fotografías de Mor (1), Jorgemvd (2), TSParks (3), Recurrence (4), RK Catch (5), Un barcelonés (6), Notarivs (7), Beltza Scene (8), Carlosluis (9), Moriza (10), Lasagna Boy (11) y Xavi Llunell (12) bajo Licencia de uso.

miércoles, agosto 23, 2006

Mirando con prismáticos al vecino de enfrente

Vivimos en una época de desorientación. La gente se comporta de manera errática al haberse desprendido de referentes por los que luchar. Siempre se ha batallado por alguna idea o algún valor, luchas que en la actualidad han quedado relegadas al espacio más íntimo de las personas o en el peor de los casos han desaparecido, desplazadas por el consumismo y el materialismo. Conceptos éstos que provocan momentos de placer, sin duda, pero que no traen una felicidad plena y real al hombre.



Antiguamente se luchaba por Dios -idea, la de Dios, que nada tiene que ver con la derecha política, que simplemente se adueñó de este concepto de manera infame-. La defensa de un ser superior mediante el uso de la fuerza hoy en día carece de sentido. Aunque como la mayoría de cosas que carecen de sentido, se sigue practicando. Y no sólo por parte del integrismo musulmán, también por parte de otros, que no han caído en la cuenta de que Dios no desea que en su nombre un hijo suyo mate a otro.

La lucha por la patria es algo más extendido y afecta a prácticamente toda la humanidad. El hombre todavía no ha pasado a esa etapa en la que velar por el bien común de todos los humanos, sino que se limita a defender a sus vecinos más próximos. Los que habitan más acá de unas fronteras arbitrarias que en algún momento se crearon, pero que siguiendo la misma lógica en algún momento cambiarán.

Podemos hacer el ejercicio de imaginar que el mundo es cualquier ciudad en la que habitamos, donde cada uno de los edificios representa a los distintos países. Lo más lógico es pensar que le debo el mismo respeto a mi vecino del sexto que al vecino que ocupa un piso de otro edificio y al que puedo ver con los prismáticos. Y se lo debo independientemente de la lengua que hable, de las normas de organización de su finca o de las opciones de conciencia que haya tomado. Pero no. Al del edificio de enfrente se le considera un peligroso extraño, ya que no pisa el mismo suelo y vive en un quinto sin ascensor. Este hecho se sustenta en una extrema intolerancia que tiene bases neurológicas, pero que fundamentalmente es inducida socialmente, desde que nacemos. Un miedo que se traduce en rechazo hacia el que es diferente, y, en casos extremos, en odio.



El ser humano tiene, por tanto, una asignatura pendiente, que es la aceptación de la diversidad humana, de la libertad de elección en todos los niveles, desde los más simples, como son la forma de vestir o la música que se escucha, hasta las creencias ideológicas y cosmológicas, si es que las tiene. Y respeto a la diversidad significa no-coacción, no-represión, no-violencia. Para conseguir este objetivo es necesario transformar las viejas estructuras psico-sociales que absorben cualquier resquicio de sentido común y lo manipulan en su favor, actuando a través de familia, escuela y entorno desde que el niño es pequeño e induciendo una hostilidad hacia el resto de humanos.

Quizás sea necesario que, en vez de cercenar la libre proyección de los niños desde que nacen, se les inculque todo el amor y el respeto hacia la vida humana, animal y vegetal, es decir, hacia la vida en todas sus manifestaciones.


*Viñetas de Nano y Forges